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Wed, 22 Jul 2026 19:30:30 +0200
Un testimonio para la Eternidad
Hace unos días nos ha dejado una persona muy, muy especial. Bueno, a decir verdad, ella no nos ha dejado, porque ya nos avisaba de que, cuando se fuera al Cielo, no iba a parar, que ya lo tenía todo organizado con el Señor. Y, al preguntarle por el trabajo que haría, decía que miraría desde el cielo y le diría al Señor: «Mira, ése, mira ésa... necesita tu ayuda; y ese otro...; mira: a ese sacerdote hay que ayudarle; a esa hermanita hay que ayudarla». Que se lo pasaría muy bien en el cielo y haría cosas grandes.
Conchita Gramaje ha compartido con nosotras los últimos años de su intensa y fecunda vida, siendo una gran bendición para todos, y dejándonos una profunda huella. Vivía plenamente su fe, consciente de que era lo más grande que tenía, y la irradiaba y contagiaba a todos los que se le acercaban, dando siempre testimonio, y queriendo hacer partícipe a cada uno de este gran don, para que, a su vez, pudiera vivirlo en plenitud. Sabía involucrar a cada persona que se encontraba, para que, desde su propia situación, aportara su granito de arena dentro de la Iglesia, y descubriera y cumpliera el sentido final de su vida. ¡Qué bonito vivir con esta actitud, valorando siempre a los demás! Y buscar aunar fuerzas, de tal manera que todos sumemos, y aportemos lo mejor de sí mismos, para la mayor gloria de Dios.
Realmente, Conchita era admirable, pues vivía siempre en la presencia de Dios. Era feliz, muy feliz, estando con el Señor. Y, por eso, buscaba compartir su alegría, y que todos pudieran disfrutar de este gran don.
Os ofrecemos a continuación un vídeo del archivo de nuestra Archidiócesis, donde podréis descubrir un poquito su grandeza y sencillez. Tenerla con nosotras ha sido un gran regalo que el Señor nos ha hecho, y ahora queremos compartirlo con todos vosotros, para que su vida siga dando mucho fruto. ¡Bendiciones!
Pastoral de la Salud de Valencia en Encuentros TV
Conchita Gramaje ha compartido con nosotras los últimos años de su intensa y fecunda vida, siendo una gran bendición para todos, y dejándonos una profunda huella. Vivía plenamente su fe, consciente de que era lo más grande que tenía, y la irradiaba y contagiaba a todos los que se le acercaban, dando siempre testimonio, y queriendo hacer partícipe a cada uno de este gran don, para que, a su vez, pudiera vivirlo en plenitud. Sabía involucrar a cada persona que se encontraba, para que, desde su propia situación, aportara su granito de arena dentro de la Iglesia, y descubriera y cumpliera el sentido final de su vida. ¡Qué bonito vivir con esta actitud, valorando siempre a los demás! Y buscar aunar fuerzas, de tal manera que todos sumemos, y aportemos lo mejor de sí mismos, para la mayor gloria de Dios.
Realmente, Conchita era admirable, pues vivía siempre en la presencia de Dios. Era feliz, muy feliz, estando con el Señor. Y, por eso, buscaba compartir su alegría, y que todos pudieran disfrutar de este gran don.
Os ofrecemos a continuación un vídeo del archivo de nuestra Archidiócesis, donde podréis descubrir un poquito su grandeza y sencillez. Tenerla con nosotras ha sido un gran regalo que el Señor nos ha hecho, y ahora queremos compartirlo con todos vosotros, para que su vida siga dando mucho fruto. ¡Bendiciones!
Pastoral de la Salud de Valencia en Encuentros TV

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