Hermanitas de los Ancianos Desamparados

Espiritualidad

 

Espiritualidad eminentemente cristocéntrica. La espiritualidad de la Hermanita es, ante todo, cristocéntrica, es decir, Cristo es el origen, centro, impulso y meta de su vida. Su existencia está totalmente marcada por el seguimiento de Jesús con el que quiere identificarse.

El sentido y la raíz profunda de su vida radica en su relación de ofrenda esponsal que le lleva a la entrega total de su ser a Jesús. Esta intimidad la fomenta y cuida en la oración, tiempo destinado a estar a solas con Él para decirle que le ama y sobre todo para dejarse amar...

La entrega a los ancianos, tiene para la Hermanita un ideal, una pauta, un sostén: el amor a Cristo. Este amor que se alimenta en la oración le lleva a ver en los ancianos una mística prolongación de Cristo, a atenuar en ellos sus fatigas, sus enfermedades, sus sufrimientos, cuyo alivio repercute en el mismo Cristo. “a Mí me lo hicisteis” Mt 24,46. “...Cuanto hiciéramos por ellos, Jesús lo recibe como hecho a su persona” (santa Teresa Jornet).

La vida de la Hermanita es una historia de amor a Jesucristo adorado en la Eucaristía y servido en los ancianos.

 

Espiritualidad eucarística. La eucaristía -como no podía ser menos-, constituye el centro y culmen de la vida y actividad de la Hermanita. Participando cada día en la sagrada Eucaristía, se alimenta de la Palabra de Dios y se fortalece con el Stmo. Cuerpo del Señor. Unida al sacrificio redentor de Cristo, se ofrece juntamente con El al Padre para llegar a la unión con Dios y salvación de los hermanos. El amor a la eucaristía lo vive también la Hermanita con otros actos de devoción: hora santa los primeros jueves de mes, visitas al Santísimo, ratos de oración personal ante el sagrario, etc.

 

Espiritualidad Mariana, muy inculcada por los Fundadores, procediendo en todo unidas a María, teniéndola como modelo a imitar y tratando de dar a los ancianos el cobijo materno y asistencial que María daba a su propio Hijo… “la devoción a María –decía el P. Fundador– tenéis que comenzar por expresarla con todo lo que implica esta devoción singular: devoción piadosa, de amor, confianza, dedicación e imitación en todos los aspectos que contribuyen a santificar la propia vivencia de fe y religiosidad” (SER. 259) …; y la Santa Madre Fundadora: “Pidamos mucho a la Stma. Virgen que continúe dispensándonos su cariñosa y maternal protección, esforzándonos por imitarla, que es el mejor obsequio que le podemos ofrecer” (cartas vol. II 876).

 

Espiritualidad de confianza en la providencia. Nota muy característica de nuestra Santa Madre es la confianza en la providencia; así lo expresaba: “La providencia es mi querida madre –decía- que nunca me ha faltado y espero, si soy fiel, que nunca me faltará”. “El Señor, que siempre vela por nosotras y por sus pobres, no nos dejará y, para lo que falta, proveerá a su tiempo”.

 

De cara a la misión la espiritualidad de la Hermanita es el “Evangelio de la misericordia en acto”. Consiste en el ejercicio constante de la caridad cristiana en el socorro, cuidado y asistencia espiritual y corporal de los ancianos desvalidos. Según la intención de los fundadores, su misión la ejerce en casas establecidas por la Congregación, denominadas Hogares, donde fundamentalmente se fomenta el espíritu de familia, ofreciendo un servicio humilde, paciente, caritativo, amable y bondadoso; un servicio desinteresado, sacrificado y abnegado –que comporta una espiritualidad oblativa al servicio de los ancianos-, sin discriminaciones de ninguna clase por razón de raza, condición social o religión; porque la caridad, decía el P. Fundador, es el medio más eficaz para convertir los corazones.

Se procura sobre todo un solícito cuidado y ardiente caridad con los ancianos enfermos de gravedad, para ayudarlos y alentar su esperanza, fortalecidos con los santos sacramentos, bendición apostólica, recomendación del alma, absolución sacramental y santo viático. En estos momentos la Hermanita velará y cuidará, como madre solícita, con mucho amor, cariño y cercanía hacia el enfermo, para que el anciano no se encuentre solo en los últimos momentos de su vida, acompañándole con una presencia cercana y afectuosa que le conforte, alivie y ayude a su encuentro definitivo con Dios. (Const.254)

El P. Fundador lo describe así en el Opúsculo que escribe en Huesca en 1878 titulado “Instituto Religioso Caritativo de las Hermanitas de los pobres Desamparados”: Es un Instituto religioso caritativo, capaz de socorrerlos y asistirlos en todas sus necesidades corporales y espirituales; consolarlos, instruirlos, catequizarlos y por último prepararlos para una muerte tranquila y cristiana”. Y la Santa Madre Fundadora: “Estos [los ancianos] son sus verdaderos hijos adoptivos, y ellas [las Hermanitas] deben de mirarlos, atenderlos y cuidarlos con la solicitud de verdaderas madres”.

Así lo recoge también la Iglesia en el Decreto de aprobación de la Congregación a los 14 años de fundación: “Estas Hermanas, además de su propia santificación tienen por especial objeto el ejercer las obras de caridad y misericordia para con los ancianos desamparados de uno y otro sexo, y prestarles refugio, alimento y cuidado, recogiéndolos en sus casas con el fin principal de prepararlos para una buena, tranquila y santa muerte”.

Y esto es lo que se intenta hacer, en el día a día de las Hermanitas: bebiendo en las fuentes y origen de su espiritualidad y carisma, transmitirlos a través del tiempo a las nuevas generaciones, proyectando y personificando el amor de Jesús hacia los ancianos, proporcionándoles los mejores medios de asistencia que estén a nuestro alcance -también en conformidad con lo que establecen las normas civiles para esta actividad-, para hacerles la vida lo más agradable posible y conseguir así el fin principal de la misión: “CUIDAR LOS CUERPOS PARA SALVAR LAS ALMAS” (Santa Teresa Jornet, fundadora).