Hermanitas de los Ancianos Desamparados

espiritualidad

Santa Teresa Jornet resume la espiritualidad de nuestra Congregación en una frase: "Dios en el corazón, la eternidad en la cabeza, el mundo bajo los pies".

Nuestro carisma ha nacido del sobreabundante Amor misericordioso de la Trinidad. Los Sagrados Corazones de Jesús y de María, expresiones vivas de este Amor, dinamizan y unifican toda nuestra existencia: corazón, cabeza y pies.  

DIOS EN EL CORAZÓN
"De su interior correrán ríos de agua viva" (Jn 7,38)

Hemos conocido el Amor personal de Dios y ha cambiado nuestra vida. Esta experiencia es única: "La boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares" (sal 125). Por eso queremos colaborar en la misma misión de salvación de Jesús, concretada en el servicio a los ancianos desamparados. Es la mística trinitaria de los contemplativos en la acción, la Trinidad que inflama de Amor nuestro corazón y nos envía, radiantes de alegría, a trabajar en la misma misión de Cristo. Así lo expresa D. Saturnino: "Quiso Dios, hermanitas, haceros las continuadoras de la misión de Jesucristo en la tierra, que pasó por el mundo haciendo el bien". Por eso insiste: “Quitad la vida contemplativa (...) a la Hermanita, y nos privaréis de esas obras de desinterés y abnegación que nos admiran y entusiasman... Quitadles la oración, la frecuencia de Sacramentos, sus ejercicios espirituales, y las despojaréis del espíritu que anima a sus obras caritativas, quedando éstas reducidas a obras (...) humanitarias si queréis, pero (...) no según el espíritu de caridad, esto es, el Espíritu de Dios. (...) Todas las grandes y extraordinarias obras son hijas de los santos varones y mujeres poseídos del Espíritu de Dios".

La M. Teresa vive también del Corazón de Jesús. Él es su vida y modelo: "su ardentísima caridad, es tan grande que dice: «Fuego he venido a traer a la tierra y ¿qué quiero sino que se abrase?. Por eso su Corazón arde en llamas de purísimo amor. Con ese purísimo amor, hemos de amar a todos nuestros prójimos y nos hemos de amar muy especialmente unas hermanas a otras, para que siempre haya unión fraterna  ... y a nuestros ancianos interesándonos mucho de su bien temporal y eterno”.


Vivir inflamadas de Amor por la presencia de Dios en nuestro corazón, como contemplativas en la acción, es el eje de nuestro carisma. 


LA ETERNIDAD EN LA CABEZA
"El agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la Vida eterna" (Jn 4,14)
Conscientes de que esta felicidad desbordante sólo se encuentra en Él, ya sólo tenemos un deseo: que Él sea el único Señor de nuestras vidas, vivir sólo por Él y para Él. Por eso queremos estar muy atentas al Espíritu, para hacer su voluntad con rectitud de corazón; "como un niño en brazos de su Padre" (sal 130). Todo para su mayor gloria: «No hay nada pequeño, cuando se hace a gloria de Dios». Es la fuente de nuestra alegría. Así se lo pide santa Teresa Jornet al Señor: que inflame a las Hermanitas «en su puro y divino amor, para que cada día le sean más fieles y mejor cumplan lo que le tienen prometido y no se propongan en sus obras otros fines, que los de agradar a Dios y darle gloria».

Y EL MUNDO BAJO LOS PIES
"Dame de beber" (Jn 4,7)

Vivimos la libertad de los hijos de Dios, abandonadas en la Providencia, que nunca defrauda: cuantos más pobres, más bienhechores, repetía santa Teresa Jornet .

Unidas a Jesús, que, siendo Dios, descendió a los infiernos de nuestra pobreza, lo descubrimos especialmente presente en aquellos que han perdido valor a los ojos del mundo, los ancianos desechados por "la cultura del descarte", rostros vivos de Cristo sufriente hoy; como el siervo de Yahvé, que "desfigurado no parecía hombre ni tenía aspecto humano» (Is 52,14); y, sin embargo, era Dios. “Confíen en el Señor que no las desamparará, ya que en los mismos ancianos sirven a Aquel que cuida hasta del más pequeño pajarito y de las flores de los campos” (Constituciones 207).

Nuestros Hogares quieren ser como el manto acogedor de Nuestra Señora de los Desamparados, la Madre de los pobres; donde los ancianos encuentren satisfechas sus necesidades materiales, de afecto y espirituales.

Tener "el mundo bajo los pies" es la sabiduría de la cruz, la suprema libertad para servir en los pobres a Dios, que "ha elegido lo débil del mundo para confundir a los poderosos" (1Co 1,27). Las hermanitas hacemos vida la Palabra: “Ponte en pie ante una cabeza blanca y honra a la persona del anciano” (Lev 19, 32).

Todo ello vivido desde la humildad y la pobreza, a ejemplo del Corazón de Jesús, contemplado en los Misterios de su vida y en su entrega por Amor en la Eucaristía. Y a ejemplo del Corazón Inmaculado de María, la humilde esclava del Señor. Don Saturnino y Teresa tienen desde niños un profundo amor a la Virgen. Así lo expresa él: “Quisiera tener todo el celo de los apóstoles, para promover vuestro culto, fomentar vuestra devoción”.

La Virgen de los Desamparados (corazón de Madre), san José (rectitud de corazón) y santa Marta (alegría en el servicio) son los patronos de nuestra Congregación.



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