Hermanitas de los Ancianos Desamparados

volver

Día inolvidable

 

Día de nuestra Profesión Perpetua.

Día soñado, esperado y señalado para cada una de nosotras.

Somos trece jóvenes que llenas de ilusión, hemos decidido responder con categoría de perpetuidad: “Aquí estoy, Señor, Tú, me has llamado”, junto a los restos de nuestros Padres Fundadores. Nos hemos fiado de Cristo desde el primer momento, y toda nuestra vida, a ejemplo de María, se encierra en una sola palabra, “FIAT”.

Dios se ha servido de esta pandemia, para hacernos sus esposas en una solemnidad muy significativa en la que conmemoramos la Venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles; adivinamos que es un presagio de que quiere derramar la plenitud de sus dones en cada una.

Después de un tiempo de prueba en el que nos ha pedido poner plenamente nuestra confianza en Él, despojándonos de todo proyecto humano, y de la cercanía de cuantos nos quieren, queremos y recordamos con cariño: familiares y hermanas de las comunidades donde hemos estado destinadas, nos ha enriquecido enormemente con toda clase de bendiciones, que hemos palpado en la aceptación de su voluntad con verdadera paz, gracias al apoyo de tantas Hermanitas que desde el silencio ofrecieron y ofrecen su oración y sacrificios por nosotras.

Cuando entrábamos por la nave central de la Capilla, cantando con todas nuestras fuerzas: “Que los pueblos de la tierra, canten hoy tus maravillas, que proclamen tu grandeza, que entonen un himno de alegría”, hacíamos presente a cuantos deseábamos que estuvieran a nuestro lado, padres, hermanos, Hermanitas con las que hemos compartido todo el camino de formación.

Monseñor Arturo Ros, obispo auxiliar de Valencia, en su homilía nos dijo que la alegría en el servicio nos debe de caracterizar porque trabajamos y lo hacemos todo en nombre de Dios, sabiéndonos enviadas por él; esto es lo que nos identifica. Y, con cierto humor, en relación a las mascarillas, “debemos aprender a sonreír con los ojos”; saber transmitir el mensaje del Amor a todos los que tratemos, en toda circunstancia. También nos insistió en que invoquemos al Espíritu Santo para que sea el huésped permanente de nuestras almas y bajo su luz nos sintamos orientadas en el diario caminar para alcanzar la corona que Jesús nos tiene prometida desde toda la eternidad.

Dentro de un ambiente de sencillez y fraternidad nos hemos sentido muy acompañadas, aunque sintiendo también la ausencia de nuestros queridos ancianitos que, por medidas sanitarias, no han podido asistir a la celebración. Algunos profesionales sanitarios que durante todo este tiempo de alarma y confinamiento por el covid-19 han estado en casa gestionando y apoyando la labor sanitaria han querido participar en la ceremonia.

Con todos los acontecimientos que han rodeado esta imborrable fecha el Señor nos ha dicho:    “¡Alto! Déjame ser Dios, en ti, en tu vida, en tu historia”, en palabras de San Juan Pablo II: “Déjate llevar”.

En este día inolvidable para nosotras, sólo hubo sentimientos de gratitud, a Quien sabemos nos ama, a la Congregación, a todas las personas que nos han acompañado y apoyado en este paso decisivo, que nos ha convertido en esposas de Cristo. No hay palabras acertadas para expresar lo que hay dentro de cada una de nosotras; sentimos una fuerza, un impulso, un no sabemos qué, que nos ayuda y nos lleva a decir: “Gracias, gracias, Señor”.

Valencia, 31 de mayo de 2020. Solemnidad de Pentecostés