Hermanitas de los Ancianos Desamparados

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22 de septiembre, memoria de las beatas Josefa y Dolores

 

Nuestras hermanitas mártires

Sor Josefa de San Juan de Dios Ruano y Sor Dolores de Santa Eulalia Puig pertenecen a la primera generación de hermanitas; fueron modeladas y convivieron con Santa Teresa Jornet, la fundadora.

Las dos estaban destinadas en la casa de Requena (Valencia). Recibieron el martirio durante la Guerra Civil Española (1936-1939).

Desde el inicio de la guerra, la comunidad de Requena quedó en situación comprometida. En cuestión de días, abiertamente amenazada. Conforme se iba agravando la situación, las hermanitas, percibían la probabilidad de sufrir el martirio.

Ellas se iban preparando espiritualmente, conscientes de la seriedad del peligro. Así lo afirman varios testigos: “Viendo los hechos que sucedían en Requena y conociendo la situación en que se encontraba España, las hermanitas tenían conciencia de la posibilidad de ser mártires y lo aceptaban conscientemente, preparándose a ello en la oración: Decían: ‘Si el Señor lo quiere, aceptémoslo y sepamos perdonar para que estas almas se salven’. Sor Josefa, la superiora, repetía: ‘tenemos que estar preparadas en estos tiempos que estamos y ser fieles ante lo que pueda ocurrir”.


De las 8 hermanas que formaban la comunidad 5 se fueron con los familiares quedando en Requena Sor Josefa, Sor Dolores y Sor Gregoria que tras una semana de penoso cautiverio, el 8 de septiembre sobre las 6 de la tarde las hicieron subir a un coche y en la carretera de Buñol las obligaron bajar, mandándolas poner juntas e inmediatamente dispararon. Murieron en el acto Sor Josefa y Sor Dolores; Sor Gregoria, la más joven, (33 años) quedó herida, fue recogida por un alma caritativa y llevada al Hospital de Valencia llegó a recuperarse. Le quedó como secuela la invalidez de un brazo. Vivió lo bastante para poder testificar en el proceso de beatificación de sus compañeras.

De este modo culminó el supremo testimonio de Sor Josefa y Sor Dolores. Esa tarde del 8 de septiembre de 1936 se anegaban en lo infinito; para ellas el tiempo desembocaba en un hoy eterno. Podían decir: “los dolores de muerte sobrehumanos dan a luz el vivir tan esperado”.

 TRÍDUO EN HONOR  DE LAS  BEATAS JOSEFA Y DOLORES