Hermanitas de los Ancianos Desamparados

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Día especial en mi vida

 

Hoy, 30 de abril, es un día especial en mi vida. Por mi Profesión Perpetua doy un paso definitivo en mi existencia. Hace tiempo que empecé a caminar en esta dirección: desde que Dios irrumpió en mi camino haciéndome comprender con una luz nueva, de que era amada por Él con un amor personal en el  misterio de lo que es único. A partir de ahí, mi existencia carecía de sentido si no era orientándola por completo hacia Él, deseando penetrar en su intimidad.

Durante estos años de preparación para este momento de corroboración de una manera pública y definitiva de que no me pertenezco, de que soy pertenencia exclusiva de Dios en su Iglesia, de que quiero vivir esa Vida Divina en plenitud, cuanto de ello sea capaz en esta tierra, tengo la experiencia de que el Señor, día tras día, me va descubriendo las muchas capas que recubren mi verdadera identidad, mi yo profundo, mi ser de gracia. Es un trabajo interior que a veces se presenta como un combate, para renunciar a todo lo falso que me habita y a las seducciones del mundo.

Percibo la llamada a vivir un nuevo y radical nacimiento de lo alto, un nacimiento del Espíritu, para configurar todo mi yo personal a ese Tú que me habita y formar un solo espíritu con Él.

En mi cotidianidad sin relieve, de dedicación abnegada a mis hermanos mayores que necesitan mis servicios y a los que quiero presentar el rostro compasivo, materno de Dios, y colaborar a restaurar la imagen divina deformada en muchas ocasiones, haciendo vida lo que nuestra Madre, santa Teresa Jornet, nos dejó consignado: - “Es menester que se esmeren en tratar bien a los ancianos que la divina Providencia ha puesto a nuestro cuidado y que nada les falte para su salud, alimento y vestido, y muy principalmente para su alma”-, tienen cabida todos los hombres y mujeres del mundo, deseando el momento en que la vida de todo hombre no sea más que alabanza eterna de Aquel que nos amó hasta el extremo.

Y termino este breve testimonio con las palabras que hago mías de santa Benedicta de la Cruz (Edith Stein): “La vida de la esposa de Dios es maternidad sobrenatural para toda la humanidad, y es indiferente el que trabaje directamente entre las almas o que mediante sus sacrificios, produzca frutos de gracia, de los cuales ni ella misma ni tal vez nadie tenga conocimiento”.

A santa María, la Virgen Fiel, la primera Consagrada, la que hizo de toda su vida un Sí incondicional a la voluntad de Dios, confío mi fiat; si ella lo guarda mantendré mi lámpara encendida...